lunes, 15 de marzo de 2010

En ruta

Después de trabajar en un millón de proyectos insidiosos, en un par de días parto de viaje.
Y descubro entonces que no anhelo la visita a una gran ciudad, ni las (posiblemente inexistentes) compras, ni las salidas sociales, ni el hotel, ni las horas de trabajo que allá me esperan.
No. Hay solo un punto que concentra mis deseos: el colectivo. Las horas de viaje en un asiento cómodo, sin teléfono, sin internet, sin nadie que pueda pedirme nada. Horas en tránsito en las que no se supone que deba hacer nada. Comiendo comida en una bandejita, tomando café y mirando la ruta de noche, por la ventana.

jueves, 25 de febrero de 2010

El retorno


El alivio de llegar vía flor de papel


Tanto tiempo lejos. Tanto tiempo viviendo fuera de mí.

Completando tareas burocráticas extensas e irritantes.
Tareas de otros, para otros, con los tiempos de otros.
Tareas ineludibles, pero que no ayudan, ni hacen bien a nadie.

Tanto tiempo deseando volver a casa. A la cocina de comidas simples,
al cuidado cotidiano de nuestas tres habitaciones,
a mi computadora, a mis libros, y a mis pobres ideas descuidadas.
Al leer en voz alta historias de aventuras con D.
A dormir con D. por las noches, sin sobresaltos.

A este espacio virtual en el que juego a poner en palabras lo que pienso,
para convertir las ideas en objetos que se miran y se escuchan
y, de ese modo, se piensan mejor.

Es hora de volver. Ahora.

jueves, 4 de febrero de 2010

Días de montaña

Nos hemos instalado en la montaña.
Donde comemos ñoquis de semola, en un salón de campo, de noche y con tormenta.
Donde recupero el contacto con el aire y con el agua.
Donde inventamos con D. poesías inverosímiles antes de dormir.
Donde escribo muy poco y pienso muy poco.
Y me aferro a los poco días de vacaciones que aún quedan,
como niña que cuenta las golosinas restantes.

domingo, 17 de enero de 2010

Estos y aquellos

Es como estar adentro de una película de Linklater.
Esos que están sentados frente a mí, en una fiesta, en un jardín,
eran mis amigos entonces, a los veinte años.
Nos juntábamos de noche entonces y hablábamos del mundo que veíamos,
de lo que leíamos, de nuestros primeros trabajos.
Diez años más tarde, los reencuentro y hablamos otra vez,
sobre las vidas que hacemos, ahora que todos tenemos espacios propios
y cotidianidades más asentadas.
Ahora que los cuerpos, los cansancios y los ritmos son otros.
Y sin embargo ahí sigue, distinta pero la misma, esa manera suya de ver las cosas.
Los temas que nadie más trata. Las palabras poco usadas.
Gente que habla de lo que nadie más habla. De lo que piensan antes de dormir.
De cómo volver más amable el mundo. De las otras vidas que podrían vivirse.
De las partes más queridas de la propia vida.
Los escucho y recuerdo por qué eran mis amigos.
Los escucho y alguna vieja necesidad se calma.

miércoles, 13 de enero de 2010

Días de verano

La alegría de Enero. Con sus momentos diarios de descanso.
Con el regreso de la siesta. Con el disfrute del viento, del cuerpo, del sol.
Con la lectura voraz de Murakami.
Con la visita a los amigos, a las abuelas, a los hijos de los amigos.
Con las picadas por la noche y la películas de los 80.
Con los días de río que se anticipan.
Con el retorno del gusto.
Y no son vacaciones, no. Ni se puede hacer todo lo que se quiere.
Pero hay felicidad en estos límites. Y quizás también gracias a ellos.

martes, 12 de enero de 2010

Nota mental

(Leer y releer)

No soy, ni debo intentar ser,
La Madre del Mundo.

sábado, 2 de enero de 2010

Propósitos intelectuales

"My mind was learning to work in different way, becoming stronger. I felt the same way your body feels after a day of splitting woods, or swimming, or sex. You feeled exhausted, langorous, and almost Godlike. This feeling was similar, except it was my intellect that was weary and expanded, languid and latently powerful. I could feel my mind starting to awaken."

P. Rothfuss, The Name of the Wind.

¿No es ese un buen propósito de año nuevo? ¿Hacer trabajar un poco a la mente de maneras nuevas, hasta que se fortalezca y se expanda?