¿Pero es que no sería interesante a veces ser otra?
Solo por unos días, pienso.
Un fin de semana, una tarde.
Tener el pelo rojo, o del color de la miel,
y un cuerpo más acostumbrado a los esfuerzos.
Usar polleras largas, y pasear por la feria.
Encontrarme con D. todas las tardes, en un mismo café.
Cocinar pan.
Vivir frente al mar en una casa
con ventanas grandes.
Tener un taller que mira al sol
y grabar pequeñas lunas en anillos de plata.
Ser alguien que sabe entenderse con el viento
y con el agua.
Alguien que lee los signos de las cosas.
Tener unos días, no solo para visitar otros lugares,
sino para saltar a otra vida
y probarla de golpe.
No sería ese un viaje interesante?
sábado, 19 de septiembre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
Recuperarse (o volver a ser de una misma)
Lo cual esta vez significa
quedarme en casa el Sábado,
comiendo galletitas con chocolate y bebiendo café.
Calmar los estímulos externos,
y las exigencias internas.
Dejar el mundo fuera.
Destemplado e inquieto
como anda en estos días.
Cerrar la puerta de casa.
Respirar tranquila.
Hasta que poco a poco vuelvan
a gustarme las cosas.
quedarme en casa el Sábado,
comiendo galletitas con chocolate y bebiendo café.
Calmar los estímulos externos,
y las exigencias internas.
Dejar el mundo fuera.
Destemplado e inquieto
como anda en estos días.
Cerrar la puerta de casa.
Respirar tranquila.
Hasta que poco a poco vuelvan
a gustarme las cosas.
viernes, 21 de agosto de 2009
jueves, 6 de agosto de 2009
Soluciones oníricas

Winter postcard de Catia Chien
De chica me enorgullecía pensar que era capaz de soñar las respuestas a mis problemas diurnos.
Me iba a dormir pensando en un tema que no comprendía para un examen próximo y listo, soñaba la respuesta.
Quizás el procedimiento haya funcionado entonces, pero ahora arroja resultados dudosos.
Anoche me acosté pensando en una fiesta próxima, en cierto discurso que tengo que escribir y leer ante mucha gente y en la comida que tenía que cocinar al día siguiente. Por la noche soñe:
a) que escribía un discurso ininteligible acerca del orgullo y el disfrute;
b) que confeccionaba un vestido para la fiesta poniéndome una campera negra de invierno dada vuelta.
c) que preparaba para la cena nachos con chucrut.
Mi mente onírica parece estar perdiendo su vieja sabiduría.
Me iba a dormir pensando en un tema que no comprendía para un examen próximo y listo, soñaba la respuesta.
Quizás el procedimiento haya funcionado entonces, pero ahora arroja resultados dudosos.
Anoche me acosté pensando en una fiesta próxima, en cierto discurso que tengo que escribir y leer ante mucha gente y en la comida que tenía que cocinar al día siguiente. Por la noche soñe:
a) que escribía un discurso ininteligible acerca del orgullo y el disfrute;
b) que confeccionaba un vestido para la fiesta poniéndome una campera negra de invierno dada vuelta.
c) que preparaba para la cena nachos con chucrut.
Mi mente onírica parece estar perdiendo su vieja sabiduría.
martes, 4 de agosto de 2009
El ancho mundo
Pienso que tendría que escribir a M. para saber cómo está,
preguntarle si sigue preocupada por entender los sueños.
Pienso que debo retomar mis discusiones con E.
Pienso en enviarle un trabajo a S.
Pienso en saludar a G., con su hija chiquita tan lejos.
Pienso en las costumbres que apenas entreví,
de personas distintas en paises lejanos.
Trabajo en casa, me muevo en el ámbito próximo de la gente que quiero y conozco.
Pero estoy teniendo, aparentemente, síndrome de nostalgia inversa.
Creo que extraño el mundo.
preguntarle si sigue preocupada por entender los sueños.
Pienso que debo retomar mis discusiones con E.
Pienso en enviarle un trabajo a S.
Pienso en saludar a G., con su hija chiquita tan lejos.
Pienso en las costumbres que apenas entreví,
de personas distintas en paises lejanos.
Trabajo en casa, me muevo en el ámbito próximo de la gente que quiero y conozco.
Pero estoy teniendo, aparentemente, síndrome de nostalgia inversa.
Creo que extraño el mundo.
domingo, 26 de julio de 2009
Los otros
Días de dejar que las cosas me hablen.
De escuchar a la gente que charla en los cafés
y sonreirles,
casi sin conocerlos sonreirles.
Porque sí. Porque hacen vidas tan distintas,
y hablan
del arte sin dinero,
de ciudades que asustan,
de decisiones que definen
a la persona y a su trabajo.
Días de leer a otros
y conmoverme
al ver con que cuidado
eligen sus palabras.
Días soñar que leo a otros
y sus palabras abren mundos nuevos.
De escuchar a la gente que charla en los cafés
y sonreirles,
casi sin conocerlos sonreirles.
Porque sí. Porque hacen vidas tan distintas,
y hablan
del arte sin dinero,
de ciudades que asustan,
de decisiones que definen
a la persona y a su trabajo.
Días de leer a otros
y conmoverme
al ver con que cuidado
eligen sus palabras.
Días soñar que leo a otros
y sus palabras abren mundos nuevos.
sábado, 18 de julio de 2009
Anticipo
Es bien cierto que, a menudo, el buen trabajo intelectual es producto de la tarea cotidiana de sentarse, hora tras hora y papeles en mano, a leer, subrayar, escribir, conectar ideas. Aún cuando uno se haya despertado gris. Aún cuando mire la pantalla en blanco sin la menor idea de qué escribir. La tarea constante produce, poco a poco, caracterizaciones, argumentos, citas, notas al pie, defensas y agradecimientos.
Pero también está el otro momento. Y, después de varios años en estos menesteres, una foma peculiar de autoconocimiento lo anticipa. Las señales son varias: cierta alegría del cuerpo, la sonrisa por nada, la manos que hormiguean, la ansiedad por sentarse ante la computadora o encontrar en algún lado un pedazo de papel. Uno no sabe aún qué va a escribir. No sabe siquiera qué va a pensar. Pero sabe qué está por escribir algo, que está por pensar algo. Y que probablemente ese algo sea el primer nudo sobre el que uno va a volver una y otra vez en los meses siguientes de trabajo rutinario. Puede que haya creatividad en todo el proceso pero, sin duda, ésta es la parte más tumultuosa y la más entretenida.
Pero también está el otro momento. Y, después de varios años en estos menesteres, una foma peculiar de autoconocimiento lo anticipa. Las señales son varias: cierta alegría del cuerpo, la sonrisa por nada, la manos que hormiguean, la ansiedad por sentarse ante la computadora o encontrar en algún lado un pedazo de papel. Uno no sabe aún qué va a escribir. No sabe siquiera qué va a pensar. Pero sabe qué está por escribir algo, que está por pensar algo. Y que probablemente ese algo sea el primer nudo sobre el que uno va a volver una y otra vez en los meses siguientes de trabajo rutinario. Puede que haya creatividad en todo el proceso pero, sin duda, ésta es la parte más tumultuosa y la más entretenida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)