martes, 9 de septiembre de 2008

Competencia

Vía Felicity Gleeson

Querría tener conmigo una máquina de fotos. No demasiado cara. No demasiado compleja. Sólo una máquina que cumpla su función de modo confiable.
Querría disfrutar más de las horas tempranas de día. Tomar café y leer literatura en el parque. Pasear al sol.
Querría terminar un par de mini proyectos artesanales, cuyas partes andan desparramadas por toda la casa.
Querría abstraerme de todo y concentrarme en los textos teóricos que estoy leyendo, y en el documento de word que tiene que tranformarse pronto en un trabajo decente.
Pero los días son breves y los deseos listados no resultan todos compatibles, por lo cual sospecho que, en las próximas horas, tendrán que competir seriamente entre sí para ver cuáles de ellos logran dirigir mis acciones!

lunes, 8 de septiembre de 2008

El mundo se reordena

Vía Simply Photo

Después de un Domingo intranquilo, esta mañana las cosas se han reacomodado.
El aire anticipa la primavera.
La casa, algo de trabajo mediante, se ve limpia, luminosa y (medianamente) ordenada.
En un par de horas, logré terminar un informe importante.
Quizás, por la noche vaya con D. al cine.
Y, para colmo de bienes, encuentro esto en el libro más inesperado sobre la evolución humana:

Your worlds in me
an endless restless walk
quivering through labyrinths
of worlds always awake

Pia Tafdrup, Transfusión.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Lo que ellos no saben

Por qué es importante, al menos por ahora, el anonimato? Que la gente que más me conoce no lea lo que escribo (aunque hay excepciones). Por qué? Quizás porque este es, al menos por ahora, un experimento. Un espacio para escribir y pensar de otro modo. Para no acomodarme, ni apoyarme en las costados que ya todos conocen. Para no repetir las cosas que otros saben.
De algún modo siento que si ellos supieran- y yo supiera que saben- volvería casi sin querer a los temas y a las formas de expresión cotidiana. Pero la idea era abrir otro espacio. Y el anonimato me ayuda, al menos por ahora, a darle forma y cuidarlo.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Lo que se recupera

Cambiamos. Cambiamos tanto, que casi no nos reconocemos en la estudiante universitaria de hace unos años, o en la adolescente que escribía frases intempestivas en algún cuaderno. Y sin embargo, extrañamente, de golpe nos vemos retomar- de un modo nuevo, con otras herramientas y otro contexto- viejos gustos y hábitos infantiles, y encontramos líneas de continuidad entre las ideas más recientes, las nuevas costumbres y prácticas, y las cosas que nos impactaban y entusiasmaban a los 5, a los 7 o a los 10 años.
La ciencia ficción que leía a escondidas en casa de mis tíos, porque ellos insistían en que eran libros para adultos y nos los iba a entender. Las horas pasadas imaginando cómo armar juguetes para mis muñecas con pequeños cartones y plásticos de los que el resto de mi familia quería deshacerse. Las tardes mirando a mi abuela cortar en tiras delgadas los sachets de leche para tejer con ellas bolsas para hacer las compras. El gusto por el viento, por los dibujos a lápiz, por las miniaturas de vidrio, que mi mamá me traía de regalo cuando volvía de viaje. El escritorio de juguete en el que me sentaba a "escribir" todas las tardes. Todo ello se recupera en la mujer que a los treinta años trabaja escribiendo ideas frente a una computadora, se obsesiona con el cuidado del medioambiente y la recuperación de materiales, diseña juguetes mínimos en pedazos de papel mientras asiste a cursos, agota a su pareja que la acompaña una y otra vez a ver las mismas casas de artesanías, recorta por las noches pedazos de papel y plástico, y se entusiasma porque en su pieza aún la espera algún nuevo libro de ciencia ficción.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Huidobro

Probablemente Vicente Huidobro sea, desde hace unos años, mi poeta favorito. Y es que puede escribir cosas como éstas:

"Hablas y hablas miras y miras
Y sientes la corteza que te separa de las ansias ajenas
Sientes desde adentro de ti mismo
Los impulsos del mundo los latidos de la tierra
Y los tormentos de todas las crisálidas
En su escafandra de enigmas.
Sientes las alas ciegas de tus signos jadeantes
Y esa agua olvidada de sus mares que corre en tus arterias.

Cantas y cantas ríes y ríes
Y tienes una dulzura que te come los huesos
Y oyes crujir la tierra que no sabe su nombre
Y le duelen los árboles
Le duele el mar con todas sus olas
Le duele el paso de los hombres
Y los arroyos oscuros que se entrecruzan
En un pacto ungido por la nobleza de sus años

Lloras y lloras miras y miras ríes y ríes
Y te detienes pensativo en medio de tantos ecos
En esta tierra de entusiasmos secretos
En estos vientos que traen apariencias de destinos
Y contemplas de un lado el empezar del mundo
Del otro la noche de vidrios espantados
Y te vas y buscas ansioso
Esa música rasgada por donde se evade la casa
Y desparace moviendo el corazón entre fantasmas
Cuando el sol te reemplaza de repente
Que quieres que te diga
A tiempo de mirar caen las plumas
Como vejez de palabra en traje de alma
Que quieres que te diga
El mundo baja por tus angustias a tu encuentro.

Cantas y cantas, hablas y hablas
Y te olvidas de todo para que todo te olvide
Hablas y hablas cantas y cantas
Lloras y lloras miras y miras ríes y ríes
Y te vas en silueta de aire. "

(Fragmento de Preludio de esperanza)

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Un poco quieta

Quizás sea mejor estar un poco quieta. Un poco callada.
Elegir pocas cosas. Despojarse.
No repetir ni multiplicar los estímulos.
Esperar.

martes, 2 de septiembre de 2008

Pregunta aristotélica

El cuerpo cansado y resfriado. Los días tranquilos, sin trabajos acuciantes, ni fechas de entrega. Algo de tiempo para leer, para escribir, para ordenar... Y sin embargo, alguna parte mía se inquieta, se pregunta si no tendría que estar trabajando más, viajando más, conociendo otra gente... Aparentemente, basta con tener tiempo y espacio, para que se intale la pregunta: ¿qué debería estar haciendo con mi tiempo? Cómo vivir y, en particular, cómo vivir el día a día cotidiano? O, en términos algo más clásicos: cuál es la vida buena?